La primera votación de investidura de Juanma Moreno Bonilla como presidente de la Junta de Andalucía ha terminado en fracaso. El candidato del Partido Popular no ha alcanzado la mayoría absoluta requerida, después de que Vox mantuviera su voto en contra junto al bloque de la izquierda.
El resultado no sorprende a quien haya seguido la aritmética parlamentaria desde las elecciones del 17 de mayo. El PP obtuvo la victoria más rotunda de su historia en Andalucía, pero se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta. Esa diferencia lo convierte en rehén de un acuerdo con Vox, sin el cual la continuidad de Moreno Bonilla al frente del gobierno autonómico queda en suspenso.
¿Qué ha ocurrido exactamente en el Parlamento?
Moreno Bonilla ha recibido 53 votos favorables, frente a 56 en contra: los del PSOE-A, Vox, Por Andalucía y Adelante Andalucía. Para ser investido en primera vuelta, el candidato necesitaba al menos 55 votos, la mayoría absoluta de la cámara. No los ha obtenido. La imagen que ha quedado grabada en el hemiciclo tiene cierta carga simbólica: el primero en votar ha sido Manuel Gavira, portavoz de Vox en Andalucía, cuyo partido resulta imprescindible para que Moreno Bonilla gobierne. Su voto negativo abrió una sesión que certificó el bloqueo.
Las intervenciones de la oposición han sido previsibles en su contenido, aunque reveladoras en sus matices. La secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, ha calificado el debate de fraude, argumentando que el candidato popular elude hablar del contenido real del pacto que negociará con Vox, precisamente porque ese acuerdo contradiría la imagen moderada que Moreno ha construido durante años. Antonio Maíllo, portavoz de Por Andalucía, ha ido más lejos al comparar al presidente andaluz con otros dirigentes del PP —María Guardiola en Extremadura, Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León— que ya han firmado acuerdos de gobierno con Vox en sus respectivas comunidades, presentando la situación andaluza como un episodio más de una estrategia nacional coordinada desde la dirección de Alberto Núñez Feijóo.
Por su parte, Vox ha vuelto a reprochar al PP la ausencia de compromisos concretos. Gavira ha enumerado sus condiciones: inclusión de la prioridad nacional, abandono de políticas vinculadas a lo que su formación denomina «fanatismo climático» y avances en desregulación. Al mismo tiempo, el portavoz de Vox ha transmitido un tono optimista sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo antes del jueves. Las negociaciones entre ambas formaciones llevan aproximadamente cuatro semanas sin que se haya hecho público ningún resultado.
¿Qué ocurre ahora?
El reglamento del Parlamento andaluz prevé una segunda votación en un plazo de 48 horas, previsiblemente el jueves. En esa segunda vuelta, la exigencia cambia de forma sustancial: ya no se requiere mayoría absoluta, sino únicamente más votos a favor que en contra, es decir, mayoría simple. Eso significa que una abstención de Vox —sin necesidad de un voto afirmativo— podría ser suficiente para investir a Moreno Bonilla.
Si tampoco la segunda votación prospera, el escenario se complica de manera considerable. El propio Moreno Bonilla ha advertido que, de no cerrarse ningún acuerdo en el plazo de dos meses, el decreto de convocatoria de nuevas elecciones se expediría el 31 de agosto, se publicaría en el Boletín Oficial de la Junta el 1 de septiembre y comenzaría entonces un plazo de 54 días que situaría los comicios el 25 de octubre. Sería la primera repetición electoral en la historia del Parlamento andaluz.
Moreno Bonilla ha apelado a la urgencia institucional: la necesidad de comenzar a elaborar los presupuestos de 2027 no admite demoras prolongadas. La pelota, en cualquier caso, está en el tejado de Vox. Lo que ocurra el jueves determinará si Andalucía tiene gobierno o entra en una crisis política sin precedentes en su historia autonómica.

