De los insultos racistas de una senadora paraguaya a la respuesta de Mbappé: crónica de un escándalo innecesario

De los insultos racistas de una senadora paraguaya a la respuesta de Mbappé: crónica de un escándalo innecesario

Todo empezó en un estadio con barro y un penalti. Luego vino lo peor.

El pasado sábado, Francia eliminó a Paraguay en los octavos de final del Mundial 2026 con un resultado de 0-1, en un partido disputado en condiciones difíciles y con una tensión física que ya había generado polémica por sí sola. Kylian Mbappé, capitán y máximo goleador del equipo francés en esta edición, marcó el gol decisivo desde el punto de penalti. Paraguay caía, pero lo había intentado. Sus jugadores habían competido con orgullo y habían dejado una imagen digna ante una de las selecciones favoritas al título.

Podría haber quedado ahí. Una derrota honrosa, el reconocimiento mutuo, el fútbol siguiendo su curso. No fue así.

Los mensajes que cruzaron una línea

Horas después de la eliminación, la senadora paraguaya Celeste Amarilla publicó en su cuenta de X una serie de mensajes dirigidos contra Mbappé que trascendieron rápidamente el ámbito deportivo. En ellos, calificó al delantero del Real Madrid de «camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo». Añadió que había estado «nervioso y muerto de miedo todo el partido» y lamentó, en sus propias palabras, no «haberle dado una bofetada de mano abierta después que terminó el partido».

No se detuvo ahí. En una segunda publicación, Amarilla calificó a Mbappé de «bruto» que «no aprendió ni a escribir» y afirmó que «en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escucho eran chimpancés». El lenguaje era inequívoco: racismo explícito, sin atenuantes, desde un cargo de representación pública.

Los mensajes se viralizaron de inmediato. La indignación fue generalizada, tanto dentro como fuera de Paraguay.

La respuesta del jugador

El lunes por la tarde, Mbappé rompió su silencio. Desde la concentración de la selección francesa, que aguarda su partido de cuartos de final contra Marruecos el próximo jueves, el delantero publicó un mensaje directo y sin concesiones en su cuenta de X.

«Usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo. No representa a Paraguay, ese país que ha exudado pasión y honor a lo largo de toda la competición», escribió Mbappé. La frase era un corte quirúrgico: separaba a la senadora del resto de su país, negándole la representación que su cargo le otorga.

Fue más lejos. «Por su inconsciencia y su racismo sin complejos, el mundo entero ya ha olvidado el recorrido y el esfuerzo histórico que sus jugadores lograron durante esta copa del mundo, dejando paso a una dama incompetente que ofrece la peor imagen posible de su país», señaló el jugador. El argumento era preciso: el daño real lo sufren los propios paraguayos, cuya actuación deportiva queda sepultada bajo el escándalo que ella misma generó.

Cerró con una declaración de principios: «Nunca permitiré que personas como ella tengan la libertad de propagar su odio y su racismo por todo el mundo».

Más allá del fútbol

Lo que comenzó como una eliminación en un Mundial ha derivado en un episodio que ilustra algo más profundo. Una representante electa utilizó su tribuna pública para lanzar insultos racistas contra un deportista. No en un momento de calor irreflexivo en las gradas, sino en mensajes escritos, deliberados, publicados en una red social con nombre y cargo visibles.

El escándalo no es el insulto en sí, aunque el insulto sea grave. El escándalo es la normalidad con que ciertos actores políticos asumen que el cargo público es compatible con el discurso del odio. Mbappé tiene razón en una cosa: Paraguay merece mejor representación. Sus jugadores la demostraron durante noventa minutos en el barro. Su senadora, no.