La Comunidad de Madrid ha desplegado seis Oficinas Móviles de Atención al Ciudadano para prestar apoyo psicológico a los afectados por los incendios que han obligado a evacuar a cerca de 3.000 personas en 21 municipios de la región. Según informó el Ejecutivo autonómico, estos autobuses ya han realizado 50 atenciones psicológicas dentro de un total de 145 consultas, combinando intervenciones grupales en los puntos de acogida con sesiones individuales. El pasado lunes, las unidades móviles se desplazaron a Sevilla la Nueva y Móstoles; este martes acudieron a Alcorcón, y en los próximos días continuarán moviéndose hacia donde la demanda sea mayor.
María Dolores Pérez Redondo, psicóloga de las Oficinas de Atención al Ciudadano, describe un cuadro emocional complejo entre quienes han perdido sus viviendas. «Nos estamos encontrando casos de personas que han perdido sus casas, con el duelo que supone el desarraigo. Allí estaba la historia de su vida y perderla supone también perder parte de su identidad», explica. Junto al duelo por el desarraigo, los profesionales detectan miedo, culpa y una profunda erosión del sentido de seguridad. Muchos afectados se encuentran, además, en una situación de incertidumbre aguda: desconocen el estado real de sus inmuebles y, bloqueados emocionalmente, se vuelven especialmente vulnerables a los rumores y a la desinformación que circula por las redes sociales.
La atención psicológica revela también fenómenos de reactivación traumática. En Sevilla la Nueva, los psicólogos atendieron a una mujer que inicialmente afirmaba encontrarse bien, pero durante la intervención afloraron duelos anteriores —pérdidas de seres queridos— que el nuevo trauma había vuelto a despertar. Para abordar este tipo de situaciones, Pérez Redondo menciona la terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), una técnica psicoterapéutica orientada a procesar recuerdos traumáticos y, en sus palabras, a «colocarlos en cajones de manera ordenada para que no condicionen el día a día».
Dos fases de intervención y el difícil regreso
El protocolo de actuación se articula en dos etapas bien diferenciadas. La primera arranca en el momento de la evacuación, cuando el bloqueo emocional es más intenso: los psicólogos aplican la llamada técnica del «disco rayado», centrada en acompañar a la persona y validar su necesidad de sentirse segura. La segunda fase llegará cuando los evacuados puedan regresar a sus viviendas, y los especialistas advierten de que ese momento será, probablemente, el más exigente desde el punto de vista psicológico. Incluso quienes encuentren sus hogares intactos o con daños menores deberán enfrentarse a síntomas de estrés postraumático, puesto que «su vida es como un cajón de sastre que alguien ha revuelto y que ahora necesita volver a ordenarse».
Para quienes han perdido sus viviendas por completo, el reto es de otra magnitud. «¿Cómo afrontaríamos haber perdido todos nuestros recuerdos, los de la infancia o un proyecto de vida como un nuevo hogar? Es mucho más que un bien material», subraya Pérez Redondo. Por ello, la psicóloga insiste en la necesidad de un seguimiento posterior que reequilibre las dimensiones social, psicológica y física de los afectados, y en reforzar los distintos dispositivos autonómicos junto a otros recursos preventivos que eviten la revictimización de unas personas que, más allá de haber perdido un techo, han visto interrumpida la continuidad de su propia historia vital.

