El Etna mantiene cerrado el aeropuerto de Catania por quinto día consecutivo: qué está pasando y qué derechos tienen los pasajeros

El Etna mantiene cerrado el aeropuerto de Catania por quinto día consecutivo: qué está pasando y qué derechos tienen los pasajeros

¿Por qué sigue cerrado el aeropuerto de Catania?

Las cenizas expulsadas por el volcán Etna han obligado a mantener cerrado el aeropuerto de Catania, el mayor de Sicilia, durante cinco días consecutivos, en lo que representa la interrupción operativa más prolongada desde 2002. El cierre afecta tanto a llegadas como a salidas desde el pasado lunes, en plena semana de Ferragosto, el festivo italiano del 15 de agosto que marca el momento de mayor movilidad del año en todo el país. El aeropuerto permanecerá cerrado al menos hasta primera hora del sábado, según ha informado el gestor aeroportuario SAC.

La explicación técnica es directa: las cenizas volcánicas representan un riesgo serio para la aviación. Boris Behncke, investigador del Observatorio del Etna del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología, lo explica sin ambigüedades: «Las cenizas volcánicas pueden suponer un riesgo muy grande para los aviones. Pueden introducirse en los motores y provocar que se detengan. Por eso se extreman las precauciones cuando hay emisiones de ceniza volcánica.» El aeropuerto de Catania se encuentra a apenas 30 kilómetros al sur del volcán, lo que lo convierte en uno de los más expuestos de Europa a este tipo de fenómenos.

Aunque el Etna —el mayor volcán activo del continente europeo— interrumpe con cierta regularidad la operativa aérea en la zona, este episodio destaca por su duración e intensidad inusuales. «En las últimas décadas ha habido muchas interrupciones más breves y erupciones más intensas, pero este episodio es diferente porque la emisión de ceniza desde la cumbre ha sido mucho más persistente», precisa Behncke. Los vientos del norte han llegado a arrastrar pequeñas cantidades de ceniza hasta Malta y el norte de África.

¿Cuántos vuelos se han visto afectados?

El impacto sobre el tráfico aéreo es considerable. Según los datos facilitados por SAC, el 36% de los casi 2.000 vuelos programados entre el 6 y el 12 de agosto hacia Catania ha sido cancelado. Más de 600 vuelos han sido desviados a otros aeropuertos de la isla —Palermo, Trapani y Comiso— y al aeropuerto de Lamezia Terme, en Calabria. El propio aeropuerto de Comiso estuvo cerrado durante un breve periodo como consecuencia de la misma nube de ceniza.

La cascada de desvíos ha generado una presión inesperada sobre la red de transporte terrestre. Las tarifas de taxi se han disparado y los precios de los alquileres de coches han subido de forma notable, según recoge el diario Corriere della Sera. Para aliviar la saturación, la compañía ferroviaria Trenitalia ha incorporado seis trenes adicionales en la ruta Palermo-Messina-Catania. La asociación de consumidores Codacons ha anunciado que presentará una denuncia ante la autoridad italiana de competencia por los presuntos precios abusivos aplicados durante la crisis.

¿Qué responsabilidades tienen las aerolíneas y quién coordina la respuesta?

La gestión de la crisis ha puesto de manifiesto tensiones entre los distintos actores del sector. La federación italiana de agencias de viaje y turoperadores, FIAVET, ha reclamado la creación de un grupo de trabajo específico para coordinar la respuesta institucional y ha anunciado que solicitará una revisión de cómo han gestionado las aerolíneas las cancelaciones y la asistencia a los pasajeros afectados. La petición no es menor: implica examinar si las compañías han cumplido con las obligaciones que establece la normativa europea de derechos de los viajeros.

El presidente de FIAVET, Gian Mario Pilieri, ha sido explícito en su comunicado: «Los operadores trabajan sin descanso para ofrecer asistencia, gestionar cancelaciones y organizar alternativas de viaje, pero no pueden soportar la carga de las carencias estructurales ni asumir las responsabilidades de gestión de otros.» La declaración apunta a un problema de fondo que va más allá de la emergencia volcánica: la ausencia de protocolos claros de coordinación entre aerolíneas, gestores aeroportuarios, autoridades y operadores turísticos ante fenómenos naturales de esta magnitud.

La crisis del Etna ilustra con claridad los límites de la improvisación ante fenómenos naturales recurrentes. Sicilia recibe cada verano millones de turistas, y el Etna lleva décadas perturbando la operativa del aeropuerto de Catania. Que en 2024 siga sin existir un protocolo de respuesta coordinada —capaz de activarse con rapidez, distribuir responsabilidades con claridad y proteger eficazmente a los pasajeros— no es un accidente: es una decisión por omisión que tiene un coste real y medible para ciudadanos, empresas y para la credibilidad del sistema de gestión de riesgos en Italia.