Colombia ante una segunda vuelta inédita: auge ultraderechista, izquierda unida y un centro que será decisivo

Colombia ante una segunda vuelta inédita: auge ultraderechista, izquierda unida y un centro que será decisivo

Colombia se encamina a un balotaje histórico entre la ultraderecha y la izquierda

El ultraderechista Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,7% de los votos —10,3 millones— en la primera vuelta presidencial celebrada este domingo en Colombia, mientras que el candidato de izquierda Iván Cepeda alcanzó el 40,9%, con 9,6 millones de sufragios. Ambos se enfrentarán en una segunda vuelta el próximo 21 de junio para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años.

El resultado configura un escenario de polarización extrema, sin precedentes recientes en la historia electoral colombiana, y plantea preguntas fundamentales sobre la solidez de sus instituciones democráticas.

1. Petro cuestiona los resultados sin aportar pruebas

El presidente Gustavo Petro anunció, tres horas después del cierre de las urnas, que no reconocía el preconteo difundido por la Registraduría. Afirmó, sin evidencia, que el censo electoral utilizado incluye 800.000 personas más que el oficial, insinuando que candidatos rivales se habrían beneficiado de votos fraudulentos.

No obstante, Petro aclaró que acatará el resultado del escrutinio oficial, proceso que tardará varios días e implica la revisión detallada por parte de jueces y notarios. El candidato Cepeda, por su parte, señaló que el Pacto Histórico dispone de mecanismos para verificar posibles irregularidades y que se pronunciará una vez concluido ese proceso.

2. Una polarización sin precedentes recientes

Colombia ha vivido segundas vueltas con frecuencia desde la Constitución de 1991, pero la fractura actual resulta cualitativamente distinta. Liberales contra conservadores en 1994 y 1998, o santistas contra uribistas en 2014, compartían al menos algunos supuestos básicos sobre el orden social. Eso no ocurre ahora.

En 2022, el candidato que disputó la segunda vuelta a Petro, el exalcalde Rodolfo Hernández, llegó a declarar que podría votar por su rival y, tras la elección, ambos se reunieron públicamente. Ese gesto resulta inconcebible entre Cepeda, que ha calificado al uribismo de fascista, y De la Espriella, quien habla de refundar la patria y ha prometido destripar a la izquierda.

3. La irrupción de una derecha posuribista

Durante un cuarto de siglo, la derecha colombiana tuvo en Álvaro Uribe su referente indiscutido. Este domingo emerge con fuerza un proyecto que lo supera por la derecha. De la Espriella, penalista sin experiencia ejecutiva de gobierno, cosechó 10,3 millones de votos —prácticamente los mismos 10,5 millones que respaldaron a la derecha contra Petro en 2022— pese a que el expresidente había apoyado públicamente a la senadora Paloma Valencia, que quedó en un distante tercer lugar con apenas 1,7 millones de sufragios.

Su discurso, de corte claramente populista, enfrenta a un nosotros —los excluidos— contra un ellos —la clase política tradicional—, y combina elementos retóricos propios de líderes como Nayib Bukele, Javier Milei o Jair Bolsonaro. El candidato ha anunciado que, en caso de no ganar la presidencia, liderará la oposición desde el Senado, donde ocupará el escaño reservado al segundo clasificado en las presidenciales.

4. La izquierda, unida y disciplinada

La candidatura de Cepeda —político austero y de perfil institucional, muy diferente al estilo combativo de Petro— articuló su campaña en torno a la unidad del Pacto Histórico, coalición que fusionó las distintas corrientes de la izquierda en un único partido. Con 155 actos públicos ante bases indígenas, campesinas y sindicales, la estrategia no buscó ampliar el electorado, sino movilizar al votante ya convencido.

El resultado confirma la eficacia de esa apuesta: frente a los 8,5 millones que obtuvo Petro en la primera vuelta de 2022, Cepeda alcanzó casi 9,7 millones este domingo. La consolidación de esa estructura organizativa, reforzada por el proceso de paz con las FARC, convierte a la izquierda colombiana en una fuerza cada vez más sólida e institucionalizada.

5. El centro, marginal en votos pero decisivo en el balotaje

Los candidatos de centro quedaron fuera de la competencia. Sergio Fajardo obtuvo un cuarto puesto con el 4% de los votos; Claudia López rozó apenas el 1%. La propia Paloma Valencia, que intentó posicionarse en la centroderecha, cosechó 1,6 millones de sufragios.

Sin embargo, con una diferencia de apenas 700.000 votos entre los dos finalistas, ese bloque moderado —alrededor de 1,2 millones de votantes de Fajardo y López, más una parte de los de Valencia— adquiere un peso específico determinante de cara al 21 de junio. El voto de centro será el árbitro de la elección.

6. Participación electoral en alza sostenida

Colombia vota cada vez más. En 2018 acudieron a las urnas 19,6 millones de personas (54% del censo); en 2022, 21,4 millones (55%). Este domingo lo hicieron 24,4 millones, el 58% de los 41 millones habilitados. La tendencia responde, en parte, al envejecimiento de la población: el censo electoral ha pasado de representar el 50% de la población total en los años noventa a superar hoy el 75%.

A ello se suma la crisis de los partidos tradicionales como estructuras de intermediación política. Ambos factores alimentan una dinámica en la que el electorado crece y, simultáneamente, se desplaza hacia los extremos del espectro ideológico.

7. La geografía electoral, inamovible

Las costas votan a la izquierda, el interior a la derecha, Bogotá es terreno disputado. El mapa electoral colombiano se reprodujo con fidelidad este domingo: allí donde ganaron Óscar Iván Zuluaga en 2014, el no al plebiscito de paz en 2016 y Rodolfo Hernández en 2022, ha ganado De la Espriella. Donde triunfaron Juan Manuel Santos, el o Petro, ha ganado Cepeda.

La excepción más notable es la capital. En Bogotá, Cepeda venció con el 41% frente al 37% del candidato ultraderechista, y los candidatos de centro sumaron allí casi el 9% de los votos, frente al 5% registrado a nivel nacional. La ciudad seguirá siendo, en la segunda vuelta, el territorio más disputado y más relevante del país.

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