El nuevo mapa del petróleo: entre la fragilidad geopolítica y las oportunidades para el inversor racional

El nuevo mapa del petróleo: entre la fragilidad geopolítica y las oportunidades para el inversor racional

El precio del barril de brent cerró el pasado viernes por debajo de los 74 dólares, una cifra que hace apenas unos meses habría parecido impensable. En los despachos de los grandes bancos de inversión, los analistas revisan sus modelos con una mezcla de cautela y oportunismo. El mercado del petróleo atraviesa una de esas raras inflexiones en las que el caos geopolítico, en lugar de paralizar, obliga a replantear las reglas del juego.

Durante meses, la combinación del conflicto en Oriente Próximo, el bloqueo del estrecho de Ormuz, la guerra entre Rusia y Ucrania y la demanda insaciable de las grandes economías asiáticas mantuvo los precios del crudo en cotas elevadas y los mercados en vilo. Sin embargo, la firma de un memorando de entendimiento entre Washington y Teherán el 17 de junio ha abierto una ventana —estrecha y frágil, conviene subrayarlo— hacia una cierta estabilización. La pregunta que se hacen ahora los gestores de activos no es si el mercado cambia, sino a qué velocidad y en qué dirección.

Las proyecciones de los grandes bancos apuntan, con matices, hacia precios más moderados. Morgan Stanley ha recortado sus previsiones para el barril de brent en el tercer trimestre de 2026, rebajándolas de 90 a 75 dólares, y de 80 a 70 en el cuarto trimestre. Bank of America estima que el precio rondará los 82 dólares este año, pero caerá hasta los 70 en 2027. Citi va más lejos y anticipa que el barril podría tocar los 60 dólares antes de que acabe el año. Los contratos futuros en el mercado ICE ofrecen una señal coherente: los precios para junio de 2027 rondan los 70,9 euros, y los de junio de 2029 se sitúan en torno a los 69,9 euros por barril.

El telón de fondo de estas proyecciones es una transformación estructural en los flujos de suministro global. El bloqueo de Ormuz aceleró la diversificación de exportaciones desde Estados Unidos, Brasil, Canadá, Kazajistán, Venezuela e incluso Rusia hacia mercados que antes dependían del Golfo Pérsico. La Agencia Internacional de la Energía, Goldman Sachs y Morgan Stanley coinciden en que, una vez superada la crisis y repuestas las reservas estratégicas, el mercado podría entrar en una fase de superávit. Samantha Dart, codirectora de análisis de materias primas de Goldman Sachs, lo expresó con claridad en una entrevista reciente con Bloomberg: «Una vez que se normalicen los flujos por el Estrecho, lo previsible es que entremos en una situación de sobreoferta. Contamos con que, para finales de julio, esto esté resuelto.»

No todos comparten ese optimismo. Manuel Maleki, economista jefe adjunto de Edmond de Rothschild, advierte que las previsiones de junio de la Agencia Internacional de la Energía indican que los inventarios de la OCDE caerán por debajo de 2.300 millones de barriles en diciembre —equivalente a 50 días de cobertura—, el nivel más bajo desde que existen registros en 2003. «El mercado está descontando la diplomacia más rápido de lo que los barriles pueden moverse físicamente», señala Maleki. Hendrik Leber, consejero delegado de la gestora alemana Acatis, va en la misma dirección: aunque reconoce que se han habilitado rutas alternativas y capacidad adicional en oleoductos, insiste en que «esto tiene un precio, e Irán seguirá amenazando el estrecho de Ormuz».

La incertidumbre persiste también en el plano diplomático. El tránsito petrolero por Ormuz ha recuperado los 10 millones de barriles diarios, la mitad de los niveles previos al conflicto, pero la fragilidad del acuerdo es evidente. Los analistas aguardan la próxima ronda de conversaciones indirectas entre Washington y Teherán, convocada tras los funerales del antiguo líder supremo iraní Alí Jamenei, cuyas ceremonias están previstas para el 4 de julio. En ese contexto, Wellington Management recomienda no tratar el petróleo como una apuesta geopolítica o inflacionaria de convicción, sino como una «posible oportunidad táctica»: «Los inversores harían bien en ir más allá de la superficie para fijarse en los distintos catalizadores y el papel en la cartera de cada una de ellas.»

Las petroleras integradas, en el foco

El nuevo equilibrio de precios redefine también el atractivo relativo de las grandes compañías del sector. Bank of America calcula que 60 dólares por barril es el nuevo punto de equilibrio para que las principales petroleras cubran sus costes y mantengan retribuciones a los accionistas de forma orgánica. En ese escenario, la firma estadounidense destaca a TotalEnergies como el valor con mayor potencial de revalorización, dado que una parte relevante de su producción se concentra en Emiratos Árabes y Qatar: un desbloqueo definitivo de Ormuz podría impulsar sus títulos hasta un 25%, situándolos en torno a los 82 euros, e incluso por encima de los 88 euros según Morgan Stanley. La francesa también se beneficiaría de recuperar cerca del 15% de sus volúmenes de exploración y producción actualmente bloqueados, y su programa de recompra de acciones del segundo trimestre de 2026 ya está cubierto orgánicamente a 60 dólares por barril.

Antonio Castelo, analista de iBroker Global Markets, amplía el foco más allá de TotalEnergies. En su criterio, las grandes energéticas integradas con balance sólido, exposición a gas y GNL, capacidad de trading y disciplina de capital son las más interesantes en el momento actual: Shell, TotalEnergies y Eni en Europa; Aramco y Chevron fuera del continente como «referencias fuertes por coste y escala». Repsol, añade, puede resultar una opción atractiva para el inversor español. Bank of America también señala a Galp y Eni como compañías donde los precios de equilibrio orgánico pueden reducirse interanualmente en 2027, lo que refuerza su atractivo en un entorno de precios moderados.

Las oportunidades no se agotan en las grandes integradas. Los analistas de Plenisfer Investments, firma vinculada a Generali, señalan que la próxima fase del ciclo energético favorecerá especialmente a las empresas de servicios petroleros. Tras años de gasto de capital contenido, las productoras deberán aumentar la inversión para mantener y ampliar su capacidad, lo que beneficiará a compañías de perforación, ingeniería y mantenimiento. Marco Mencini, responsable de análisis de Plenisfer, cita a SLB y Halliburton como valores con recomendación de compra de JP Morgan, Citi y Jefferies. Más allá de Oriente Próximo, Julius Baer apunta que la producción en alta mar de Brasil y Noruega se ha mantenido muy competitiva en costes, y que la reconfiguración de las cadenas de suministro ya está en marcha con independencia de cómo evolucione el conflicto. «La nueva normalidad de abundancia de oferta y precios bajos no representa un entorno poco atractivo para las empresas productoras», concluye Norbert Rücker, director de Investigación Económica de Julius Baer. El inversor que sepa leer ese mapa con rigor —y sin dejarse arrastrar por el ruido geopolítico— tiene ante sí un terreno más fértil de lo que el pesimismo dominante sugiere.