Jerry Parr, el agente del Servicio Secreto que salvó la vida de Ronald Reagan

Jerry Parr, el agente del Servicio Secreto que salvó la vida de Ronald Reagan

El 30 de marzo de 1981, un joven obsesionado con Jodie Foster disparó seis veces contra el presidente Reagan a las puertas del Washington Hilton. Solo los reflejos de un agente del Servicio Secreto evitaron el magnicidio.

Era el 30 de marzo de 1981. Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos desde hacía apenas diez semanas, abandonaba el Washington Hilton tras pronunciar un discurso ante el sindicato de la construcción. Caminaba sonriente hacia su limusina cuando alguien gritó «Mr. President». Al girarse, sonaron los disparos. El joven John W. Hinckley Jr. había logrado colarse entre los periodistas apostados a la salida del hotel y disparó seis veces a bocajarro.

La vida del presidente se salvó en una fracción de segundo. El agente del Servicio Secreto Jerry Parr, que escoltaba a Reagan, reaccionó de forma instintiva: cubrió al mandatario con su cuerpo, lo empujó al interior del vehículo y cerró la puerta. «Cuando estábamos a un par de metros del coche, oí los disparos», recordó Parr en 2013. «Sabía qué eran. Los había esperado toda mi carrera. Eso es lo que todo agente espera».

Una decisión en segundos que cambió el rumbo de los hechos

Ya dentro de la limusina, Parr observó que Reagan se quejaba de dolor en el pecho y comenzaba a sangrar por la boca. Una bala le había alcanzado de rebote y el presidente sufría una hemorragia interna. El agente tomó entonces una segunda decisión crucial: ordenó desviar el vehículo hacia el hospital de la Universidad George Washington en lugar de regresar a la Casa Blanca.

Esa orden improvisada fue determinante. «Si Jerry no hubiera cuidado a Ronnie ese día, seguramente hubiera perdido a mi mejor amigo y compañero por la bala de un asesino», afirmó Nancy Reagan tras el fallecimiento del agente en 2015.

Una carrera forjada, sin saberlo, en torno a Reagan

La vinculación de Parr con Reagan se remontaba décadas atrás, aunque el propio presidente lo ignoraba. De niño, su padre le llevó a ver Código del Servicio Secreto, una película de 1939 en la que Reagan interpretaba al teniente ‘Brass’ Bancroft. Aquella tarde decidió que quería ser agente de seguridad.

Parr ingresó en el Servicio Secreto en 1962. A lo largo de su carrera trabajó en todo el territorio estadounidense y en misiones en 37 países, participando en la protección de personalidades como el papa Juan Pablo II o el emperador japonés Hirohito. Fue responsable de la seguridad de la Casa Blanca y agente especial al cargo de la protección de Jimmy Carter antes de asumir la de Reagan. Se retiró en 1985.

Sin el atentado del 30 de marzo, Parr habría concluido una brillante carrera en el más absoluto anonimato.

Hinckley, los Óscar y una obsesión por Jodie Foster

Antes de ser reducido, Hinckley disparó seis veces. Además de herir a Reagan, alcanzó a un policía, a un agente del Servicio Secreto y al secretario de Prensa James Brady, que quedó postrado en una silla de ruedas de por vida. Tras su detención, Hinckley preguntó si la ceremonia de los Óscar —prevista para esa noche— había sido suspendida. Lo fue.

El móvil del ataque era perturbador: Hinckley estaba obsesionado con la actriz Jodie Foster desde que vio Taxi Driver. La habitación del hotel en que se hospedaba estaba repleta de fotografías suyas. El FBI encontró además varias cartas con las que llevaba tiempo acosándola. En una de ellas escribió: «Si no me amas, mato al presidente», reproduciendo casi literalmente las palabras que el personaje de Robert De Niro dirige a una joven antes de atentar contra un candidato presidencial en la misma película.

Fallos de seguridad y una lección que persiste

El atentado destapó deficiencias en los protocolos de seguridad, un debate que resurge con cada incidente similar. Un agente intentó entonces justificar los errores con una frase que resume la paradoja de toda protección personal: «No se puede reaccionar más rápido que una bala».

Jerry Parr demostró que, en determinadas circunstancias, sí se puede estar lo suficientemente preparado para intentarlo.

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