Escalada militar entre Estados Unidos e Irán: bombardeos cruzados elevan el riesgo de conflicto regional

Escalada militar entre Estados Unidos e Irán: bombardeos cruzados elevan el riesgo de conflicto regional

Washington y Teherán intercambian ataques militares en una jornada de alta tensión en Oriente Próximo

Estados Unidos e Irán protagonizaron el martes una peligrosa escalada militar tras el derribo de un helicóptero Apache estadounidense cerca del estrecho de Ormuz. El presidente Donald Trump ordenó ataques de represalia contra instalaciones militares iraníes, y Teherán respondió en pocas horas con una oleada de drones y misiles contra bases norteamericanas en Bahréin y Jordania.

El Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó el inicio de los bombardeos a las 17.00 hora local de Washington —las 23.00 en la España peninsular— calificándolos de respuesta «proporcional» y de autodefensa ante la agresión sufrida. Los objetivos seleccionados incluían sistemas de defensa aérea, radares de vigilancia y estaciones de control terrestre próximas al estrecho de Ormuz.

El detonante: un helicóptero derribado cerca de Omán

El incidente que desencadenó la crisis fue el derribo de un helicóptero Apache del Ejército estadounidense en aguas próximas a la costa de Omán. Washington atribuye la acción a fuerzas iraníes. Los dos militares que viajaban a bordo fueron rescatados con vida por efectivos estadounidenses desplegados en la zona.

Trump justificó la respuesta militar en su red Truth Social con un mensaje directo: «Estados Unidos debe, necesariamente, responder a este ataque». El mandatario había advertido durante la jornada que habría represalias por un ataque iraní previo registrado el lunes.

La respuesta de la Guardia Revolucionaria

La reacción iraní llegó de madrugada. La Guardia Revolucionaria anunció el lanzamiento de 21 ataques en tres países, mediante drones y misiles dirigidos contra instalaciones militares estadounidenses en distintos puntos de Oriente Próximo. Entre los objetivos figuraban la sede de la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos en Bahréin y una base aérea utilizada por fuerzas norteamericanas en Jordania.

Las autoridades de Bahréin activaron las sirenas de alarma e instaron a la población a buscar refugio. Kuwait informó de que sus sistemas de defensa aérea estaban interceptando objetos hostiles. El Ejército jordano, por su parte, aseguró haber derribado varios misiles iraníes antes de que alcanzaran territorio nacional, sin registrar víctimas ni daños materiales.

Teherán invoca su «derecho a defenderse»

Irán justificó sus ataques como represalia directa por los bombardeos estadounidenses. Tanto la Guardia Revolucionaria como el Ejército iraní calificaron las acciones de Washington de «agresión militar» y reivindicaron su derecho a responder. El Ministerio de Exteriores iraní advirtió además a los países del Golfo Pérsico sobre su «responsabilidad» de impedir que su territorio sea utilizado por fuerzas estadounidenses para atacar Irán.

Según recogió la agencia de noticias persa Fars, el comunicado del Ministerio de Exteriores señalaba que «Irán no dudará en ejercer su derecho inherente a defenderse, incluso atacando el origen de los ataques y las bases e instalaciones logísticas utilizadas para operaciones agresivas contra Irán».

El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, fue aún más explícito al afirmar que las Fuerzas Armadas de la República Islámica «no dejarán ningún ataque ni amenaza sin respuesta».

Un contexto de tensión preexistente

La escalada bilateral se produce en un escenario regional ya deteriorado por los intercambios de ataques entre Irán e Israel durante los días previos, una situación que había llevado al propio Trump a reclamar públicamente el fin «inmediato» de las hostilidades entre ambos países.

La paradoja es llamativa: apenas unas horas antes de que estallara la crisis con Teherán, Trump había declarado que aún veía posible alcanzar un acuerdo diplomático con Irán «en dos o tres días». La vertiginosa degradación de los acontecimientos sobre el terreno desmiente, por ahora, ese optimismo.

La comunidad internacional observa con preocupación una dinámica de acción y represalia que, de no contenerse, podría arrastrar a terceros países de la región hacia un conflicto de consecuencias imprevisibles para la estabilidad global y los mercados energéticos.

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