Córdoba encabeza el declive demográfico español: casi mil habitantes menos en un trimestre

Córdoba encabeza el declive demográfico español: casi mil habitantes menos en un trimestre

Entre abril y julio de este año, la provincia de Córdoba perdió 983 habitantes. No es un dato aislado ni una anomalía estadística: es la confirmación de una tendencia que se repite trimestre tras trimestre, y que coloca a Córdoba a la cabeza de un ranking que ninguna administración debería querer liderar.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúan a Córdoba como la provincia española que más población ha perdido en el último trimestre, con un descenso del 0,13% que llevó el censo de 773.896 a 772.913 habitantes. El contraste con el conjunto del país resulta revelador: mientras España ganaba un 0,21% de población en el mismo periodo, impulsada principalmente por la llegada de residentes extranjeros, Córdoba se movía en dirección contraria. Solo otras tres provincias registraron saldo negativo en ese trimestre: Soria, con 111 habitantes menos; Cáceres, con 336; y Zamora, con apenas 20. La brecha entre Córdoba y la segunda provincia más afectada, Cáceres, supera los 650 habitantes.

Lo que hace especialmente preocupante la situación cordobesa no es solo la magnitud de la pérdida, sino su naturaleza doble. En el conjunto de España, la población con nacionalidad española crece apenas un 0,04%, pero la extranjera avanza un 1,19%, compensando el estancamiento y sosteniendo el balance positivo nacional. En Córdoba ocurre algo distinto: la provincia pierde tanto población española como extranjera. La primera retrocedió un 0,12%, lo que equivale a 865 personas menos; la segunda cayó un 0,35%, con 118 residentes extranjeros que trasladaron su domicilio a otros puntos del país. Que Córdoba no consiga retener a la población extranjera —ese colectivo que en otras provincias actúa como amortiguador demográfico— añade una capa adicional de gravedad al diagnóstico.

La perspectiva interanual matiza, aunque no revierte, este panorama. Entre julio de 2025 y julio de 2026, Córdoba sumó 2.029 nuevos residentes con nacionalidad extranjera, un incremento del 6,38% que refleja un dinamismo migratorio real. Sin ese aporte, la caída sería mucho más pronunciada. Sin embargo, en ese mismo periodo la población española de la provincia descendió en 2.410 personas, dejando un saldo neto negativo de 381 habitantes, una caída del 0,05%. Solo Melilla registró un descenso interanual mayor en términos relativos, con un 0,51%. España, en conjunto, ganó cerca de 444.000 habitantes en el último año, un crecimiento del 0,90% que Córdoba observa desde la distancia.

Lo que estos números describen es una provincia que pierde capital humano de forma sostenida, sin que ninguno de los mecanismos habituales de compensación logre invertir la dinámica. La inmigración amortigua, pero no basta. La natalidad no cubre el hueco. Y la emigración —silenciosa, individual, racional desde el punto de vista de quienes la protagonizan— continúa vaciando municipios y reduciendo la base sobre la que se sostienen los servicios públicos, el tejido productivo y la vida cívica. Córdoba no es un caso de catástrofe súbita; es el retrato de un declive lento cuya principal característica es precisamente esa: que avanza sin alarmas, trimestre a trimestre, habitante a habitante.