Un joven de 21 años quedó en libertad provisional este martes después de comparecer ante el juez por la muerte de un turista sueco en la carretera que une Cala Mesquida con Capdepera, en Mallorca. El suceso ocurrió el pasado domingo a las 07.00 horas, cuando el acusado, al volante de un Volkswagen Polo TDI, invadió el carril contrario y arrolló a la víctima, un hombre de 55 años que salía a correr. El turista falleció en el acto.
El conductor enfrentaba tres cargos al presentarse ante la autoridad judicial: un presunto delito de homicidio imprudente, otro contra la seguridad vial y un tercero por abandono del lugar del accidente. El juez decretó la libertad provisional, pero impuso medidas cautelares de cierto calado: retirada del carné de conducir y del pasaporte, prohibición de salir del territorio nacional y obligación de comparecer ante el juzgado cada quince días.
La versión del acusado, defendido por el letrado Daniel Castro, mezcla reconocimientos parciales con una explicación que el proceso judicial deberá contrastar. El joven admitió haber estado de fiesta la noche anterior y afirmó haberse quedado dormido en el momento del impacto. Según su propio relato, tras el atropello no llamó a los servicios de emergencia: regresó al hotel donde trabaja durante la temporada turística, se duchó, se cambió de ropa y sólo entonces volvió al lugar del accidente acompañado de un amigo, supuestamente para buscar a la víctima.
Los hechos materiales documentados por la Guardia Civil ofrecen un cuadro más grave. El impacto proyectó al turista varios metros. El vehículo del acusado fue localizado no muy lejos del lugar con daños visibles, y la Policía Local de Capdepera encontró la luna delantera fracturada y restos de sangre en el coche. En las inmediaciones hallaron restos corporales de la víctima. El cadáver apareció después oculto entre la maleza; los bomberos del parque de Artà tuvieron que utilizar motosierras para desbrozar la zona y recuperar el cuerpo.
Horas después del accidente, los investigadores localizaron y arrestaron al joven. La prueba de alcoholemia arrojó un resultado de 0,62 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, cifra que dobla el límite legal establecido para conductores experimentados en España. La víctima, que se encontraba de vacaciones con su esposa en un hotel de Cala Mesquida, murió a unos 200 metros de ese mismo establecimiento.
La decisión de dejar en libertad al acusado responde a criterios jurídicos ordinarios: la prisión preventiva exige, entre otros requisitos, un riesgo concreto de fuga o de reiteración delictiva que el juez no ha apreciado en este caso como suficiente para justificar el internamiento. Las medidas impuestas —especialmente la retirada del pasaporte y la prohibición de salir del país— buscan precisamente neutralizar ese riesgo. La instrucción judicial continúa abierta, y será durante esa fase cuando se determine con precisión el peso de cada cargo.
El caso plantea, más allá de su dimensión penal, una pregunta de fondo que la instrucción deberá responder: si el conductor disponía de capacidad real para valorar lo ocurrido —como sugiere el hecho de haber vuelto al lugar del accidente— la alegación de haberse quedado dormido podría resultar insuficiente para modular la responsabilidad penal. Esa tensión entre los hechos acreditados y la versión del acusado es, precisamente, el núcleo sobre el que pivotará el proceso.

