A unos cien kilómetros de las costas angoleñas, en aguas que alcanzan profundidades considerables, tomará forma en los próximos años uno de los proyectos de extracción submarina más ambiciosos del continente africano. Se llama Kaminho, vale 6.000 millones de dólares y, cuando entre en producción en 2028, se convertirá en la séptima unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga que TotalEnergies opera en Angola. Es, en muchos sentidos, la imagen más concreta de una apuesta mucho mayor: la compañía francesa prevé desembolsar, junto a sus socios, un total de 10.000 millones de dólares en el país durante los próximos cinco años.
La decisión final de inversión sobre Kaminho se adoptó en 2024, y el proyecto se ubicará en la cuenca de Kwanza. Más allá de este desarrollo en aguas profundas, la estrategia de TotalEnergies en Angola responde a una lógica clara: mantener su producción actual de aproximadamente 450.000 barriles diarios en un país cuya industria petrolera muestra signos evidentes de madurez. Los yacimientos offshore angoleños envejecen, y sin una inyección sostenida de capital y tecnología, la tendencia natural sería el declive productivo.
Angola, segundo productor de crudo del África subsahariana tras Nigeria, aspira a estabilizar su extracción en torno al millón de barriles diarios. Para ello, la colaboración con el principal operador extranjero en su territorio resulta determinante. TotalEnergies, por su parte, no limita su actividad a los proyectos ya en marcha: el grupo ha firmado dos nuevas licencias de exploración para los bloques marinos 17 y 32, esta vez en alianza con ExxonMobil, lo que amplía el perímetro de búsqueda de nuevos yacimientos en la región.
La dimensión tecnológica de esta expansión merece atención. TotalEnergies tiene previsto lanzar, junto a otras grandes compañías del sector, una iniciativa que aplica inteligencia artificial a las geociencias. La herramienta se empleará inicialmente en la cuenca angoleña para identificar estructuras geológicas con potencial productivo aún no explotado, reforzando así la capacidad de exploración offshore. No se trata de un complemento menor: en un entorno de yacimientos maduros, la capacidad de detectar reservas adicionales con mayor precisión puede marcar la diferencia entre el estancamiento y la renovación del ciclo productivo.
Todo ello se enmarca en la realidad de una empresa de escala global. TotalEnergies produce 2,5 millones de barriles equivalentes de petróleo al día, opera catorce refinerías en todo el mundo y gestiona más de 12.700 estaciones de servicio. Sus ventas se distribuyen entre Francia, el resto de Europa —que concentra el 45% del total—, África, Norteamérica y otros mercados. El grupo también comercializa gas natural licuado, con 43,9 millones de toneladas vendidas en 2025, y desarrolla capacidad de generación eléctrica a través de centrales de ciclo combinado y energías renovables.
Lo que ocurre en Angola, sin embargo, no es un episodio periférico en la estrategia de la compañía. Es la prueba de que, pese al debate global sobre la transición energética, las grandes petroleras siguen comprometiendo recursos masivos en la extracción de hidrocarburos convencionales donde los márgenes y la geología lo justifican. Para los ciudadanos angoleños, para los trabajadores del sector y para los gobiernos que dependen de las rentas del crudo, las decisiones que se toman hoy en los despachos de París y Luanda tienen consecuencias que se medirán durante décadas.

