La urbanización de los terrenos liberados por el soterramiento ferroviario en La Felguera recupera el patrimonio histórico de la antigua fábrica de Duro
A finales de 2024, los vecinos de La Felguera podrán pasear sobre el que los historiadores consideran el «kilómetro cero» de la industrialización asturiana. Las obras de urbanización de los terrenos liberados por el soterramiento de las vías del tren en Langreo culminarán con un gran bulevar peatonal de 500 metros de longitud y entre 12,5 y 14,5 metros de anchura, que pondrá en valor el frente histórico de la antigua fábrica de Duro.
El paseo discurrirá frente a los edificios de ladrillo rojo de la calle Pepita Fernández Duro, hoy integrados en el parque tecnológico de Valnalón como oficinas empresariales y centros de formación profesional. Estas construcciones, algunas de mediados del siglo XIX, representan lo que queda visible de la factoría que dio origen al propio núcleo urbano de La Felguera.
Arquitectura con sello propio: el estilo «manchesteriano» de Duro
Los edificios que flanquearán el futuro bulevar responden a un patrón arquitectónico inconfundible. Ladrillo macizo, cornisas, pilastras, flechas y cuerpos almenados conforman lo que los especialistas denominan «arquitectura Duro»: un estilo de influencia centroeuropea y británica que la empresa reprodujo en todas sus instalaciones.
Mónica García Cuetos, historiadora experta en patrimonio industrial, subraya que ese frente edificado fue siempre «la imagen bonita que se daba al exterior», mientras la parte productiva —altos hornos, almacenes— quedaba oculta en el interior. «Es el sello Duro. Se puede ver también en el pozo María Luisa, en el pozo Sotón o en el pozo Fondón», señala García, quien durante cinco años gestionó el Museo de la Siderurgia de Langreo.
El proyecto de urbanización contempla asimismo la limpieza de estas fachadas históricas y la creación de un nuevo acceso peatonal a Valnalón, integrando así la antigua fábrica en el tejido urbano de la ciudad.
Una deuda histórica: el ferrocarril que separó la fábrica de la ciudad
Durante más de un siglo, las vías del tren actuaron como frontera física entre La Felguera y su propia historia industrial. «Integrar la fábrica en la ciudad era una deuda histórica porque siempre el ferrocarril separó La Felguera de la factoría», afirma García Cuetos. El soterramiento ferroviario, obra de gran envergadura, salda ahora esa deuda urbanística.
El historiador Francisco Palacios, especialista en la figura de Pedro Duro, destaca el valor simbólico del conjunto conservado: «No hay que olvidar que el núcleo del desarrollo de Langreo y de parte de Asturias fue la fábrica de Duro. Son edificios centenarios —algunos más incluso— y pueden considerarse una especie de historia viva material del pasado de Langreo».
Una decisión política valiente: Langreo hizo lo que Gijón y Mieres no hicieron
La conservación de este patrimonio no fue inevitable. Las otras dos grandes factorías siderúrgicas asturianas —la de Moreda en Gijón y la Fábrica de Mieres— desaparecieron por completo. Que Langreo sea hoy la excepción se debe, según García Cuetos, a una decisión adoptada a principios de los años ochenta por Aladino Fernández, entonces alcalde del municipio y geógrafo de formación.
«Conservar este patrimonio en Langreo se lo debemos a Aladino, que decidió que se mantuviera parte de la fábrica», afirma la experta. Pero la clave no fue solo preservar los edificios: «Se tomó una decisión muy inteligente, que fue dotarla de uso. Si se hubiera dejado sin actividad se hubiera venido abajo más tarde o más temprano».
La transformación de la antigua fábrica en el parque tecnológico de Valnalón —que hoy alberga centros de emprendimiento, empresas y ciclos de formación profesional— garantizó la supervivencia de un patrimonio que, de otro modo, habría seguido la misma suerte que el de sus ciudades vecinas.
«De las tres grandes fábricas siderúrgicas de Asturias, la única que se conservó fue la de Duro», concluye García Cuetos. «La gente de La Felguera te lo cuenta: cómo vivieron con desasosiego el derribo de las chimeneas y los altos hornos. Conservar algo de la factoría fue importante para los vecinos, mantener parte de sus raíces«.

