El 24 de agosto de 2022, un camión articulado cruzaba el puente de Skitter Creek en la autopista interestatal 77 de Virginia Occidental cuando perdió el control. Al volante iba Dennis Eugene West, de 58 años, vecino de Moncks Corner, Carolina del Sur, con una tasa de alcoholemia que duplicaba el límite legal permitido para conductores de vehículos comerciales en ese estado. Lo que siguió no fue solo un accidente de tráfico: fue un desastre medioambiental que tardó casi tres años en cicatrizar, si es que alguna vez lo hizo del todo.
El camión transportaba varios contenedores de 275 galones de alquil dimetilamina, un compuesto químico empleado en la fabricación de detergentes. El impacto rompió varios de esos contenedores. Miles de galones del producto se derramaron sobre el puente y fluyeron directamente hacia Paint Creek, afluente del río Kanawha. El vertido no se detuvo de inmediato: se prolongó hasta el día siguiente, mientras el agua del arroyo comenzaba a cubrirse de espuma visible a simple vista.
La legislación de Virginia Occidental prohíbe a los conductores de vehículos comerciales circular con una tasa de alcoholemia superior al 0,04%. West superaba el 0,08%, el doble del umbral. Ni él ni su empresa, Gadsden, Gaillard and West LLC, contaban con ningún permiso emitido al amparo de la Ley Federal de Agua Limpia —la Clean Water Act— para verter contaminantes en ninguna masa de agua de Virginia Occidental. La negligencia era, por tanto, doble: al volante y en el cumplimiento de las obligaciones regulatorias más elementales.
West se declaró culpable de vertido negligente de contaminantes en aguas de los Estados Unidos, tanto a título personal como en nombre de su empresa. El juez federal Irene C. Berger le impuso tres años de libertad condicional federal y una multa de 5.000 dólares. Más tarde llegó la orden de restitución: 266.444,86 dólares —aproximadamente 241.000 euros— que West deberá abonar personalmente. La empresa, por su parte, fue condenada a pagar 900.000 dólares adicionales en concepto de restitución, cantidad que quedó cubierta por el seguro.
Las cifras económicas son llamativas. Pero el verdadero coste del accidente se mide en otros términos. Según los datos del caso, murieron 33.500 peces. Skitter Creek y Paint Creek quedaron sin signos de vida acuática durante años. Shay Couch, presidente de la Asociación de la Cuenca de Paint Creek, describió con precisión lo que significa perder un arroyo que era a la vez fuente de agua y lugar de encuentro para la comunidad: «Nos destrozó», dijo. Y añadió que la multa impuesta le parecía insuficiente frente a la magnitud de lo perdido.
La contaminación de Paint Creek se prolongó durante casi tres años tras el accidente, afectando a los residentes de los condados de Fayette y Kanawha. Tres años en los que un arroyo que antes invitaba al recreo y a la pesca se convirtió en un espacio inerte. La restitución económica, por cuantiosa que sea, no devuelve los ecosistemas ni reconstruye los hábitos de una comunidad que dependía de ese entorno.
Este caso ilustra con claridad una realidad que a menudo se pasa por alto en el debate sobre contaminación ambiental: no todos los vertidos son el resultado de una política corporativa deliberada o de una decisión estratégica de externalizar costes. Algunos nacen de una negligencia individual tan elemental como conducir ebrio con una carga peligrosa. La ley, en este caso, respondió con instrumentos proporcionales —restitución, libertad condicional, multa— aunque la comunidad afectada considere que el daño excede cualquier compensación monetaria razonable.
Lo que el caso de West pone de manifiesto, en última instancia, es que el Estado de derecho funciona mejor cuando las normas —las de tráfico, las medioambientales, las de transporte de mercancías peligrosas— se aplican con rigor y sin excepciones. El problema no es que existan regulaciones. El problema es que, cuando se incumplen, el precio lo pagan los peces, el agua y las comunidades que dependen de ellas. West pagará su deuda en dólares. Paint Creek tardará años más en recuperarse del todo, si es que llega a hacerlo.

