Timothy Garton Ash: «Debemos hacer todo lo posible para controlar la inmigración irregular»

Timothy Garton Ash: «Debemos hacer todo lo posible para controlar la inmigración irregular»

El historiador británico Timothy Garton Ash, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, advierte en su nuevo libro, Europa en 7 capítulos y medio (Taurus), que el futuro del continente depende de decisiones que deben tomarse en los próximos cinco años. En una entrevista por videoconferencia, Garton Ash desgrana los retos que amenazan el proyecto europeo: la presión militar de Rusia, el desafío económico de China, la deriva de Estados Unidos bajo Trump y la incapacidad de Europa para liderar la carrera de la inteligencia artificial.

Garton Ash, que en pocas semanas recogerá su galardón en Oviedo, define ser europeo con una sola frase: «estar en casa cuando estás fuera». Esa sensación de pertenencia compartida, sin embargo, convive hoy con una fragmentación informativa sin precedentes. «¿Tenemos unos hechos comunes que todo el mundo comparte?», pregunta. «Seguramente no».

El historiador sitúa el punto de inflexión en 2008. Desde entonces, sostiene, Europa ha encadenado una cascada de crisis —financiera, migratoria, el Brexit, la pandemia, la guerra en Ucrania— que ha erosionado la confianza ciudadana en el proyecto común. «Nunca me había preocupado tanto», admite. «Esta Europa que hemos construido está bajo ataque políticamente por parte de Estados Unidos, militarmente por Rusia y económicamente por China».

Sobre la guerra en Ucrania, Garton Ash es directo. Europa está gestionando un conflicto más largo que la Primera Guerra Mundial, con dos millones de muertos. La respuesta europea ha sido insuficiente y lenta. «Nos hemos acostumbrado tanto a construir Europa bajo el paraguas de EE.UU. durante ochenta años que todavía no nos podemos creer que su apoyo no esté ahí».

En materia de inteligencia artificial, el diagnóstico es severo. Tras dos meses en Silicon Valley, Garton Ash concluye que Europa «no está en ninguna parte, está a cero». Todo el desarrollo real ocurre entre Estados Unidos y China. Su propuesta pasa por implementar el llamado «régimen 28» de Mario Draghi, una capacidad europea de IA a escala continental que integre también al Reino Unido, en lugar de limitarse a la regulación normativa.

La inmigración ocupa un lugar central en la conversación. Garton Ash rechaza con claridad la «remigración» —término que, en su extremo, equivale a una limpieza étnica— pero reconoce sin ambages que Europa ha gestionado mal la llegada de personas durante demasiado tiempo. «Lo que hemos hecho durante demasiado tiempo ha sido dejar entrar a demasiadas personas sin que realmente se integraran plenamente», afirma. La solución no es el cierre en falso, sino el control efectivo combinado con una integración real.

«Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para controlar la inmigración irregular», subraya, y menciona expresamente lo ocurrido en Ceuta. Las imágenes de las fronteras, advierte, alimentan respuestas políticas populistas que conducen precisamente a los extremos que dice querer evitar. El Brexit lo ilustra con precisión quirúrgica: uno de sus motivos principales fue el miedo a la inmigración. El resultado fue que las cifras de inmigración ilegal se dispararon tras la salida. «Si queremos una receta de lo que no hay que hacer, el Reino Unido nos la ha servido en bandeja de plata».

Sobre el Estado de bienestar, Garton Ash no ofrece consuelo fácil. El envejecimiento demográfico, el bajo crecimiento económico y el encarecimiento de la sanidad hacen insostenible el modelo sin reformas profundas. Añade la vivienda como síntoma revelador: los jóvenes europeos, excluidos del mercado inmobiliario, votan en masa a partidos antisistema, tanto de derecha como de izquierda. «Es uno de los grandes fracasos de lo que se ha hecho pasar por liberalismo en los últimos treinta o cuarenta años», dice. Y añade con precisión: «La respuesta no es abandonar el liberalismo, sino reformarlo y renovarlo».

Menciona España con intención. La transición a la democracia y la integración en Europa fueron, en su momento, dos caras de la misma moneda. Hoy, una parte creciente de los ciudadanos europeos percibe Europa como problema, no como solución. Eso, para Garton Ash, es la señal de alarma más grave.

El horizonte que traza es condicional. A principios de la década de 2030 ya se sabrá si Europa ha sido capaz de responder al triple desafío geopolítico y tecnológico, o si ha vuelto a repetir el patrón histórico de cierto orden seguido de desintegración. «Si ocurre esto último», concluye, «el historiador que ocupe mi cátedra en Oxford en 2050 dirá: esos europeos cometieron el mismo error de nuevo».