Nuevos billetes de euro: el BCE abre la votación ciudadana sobre los diseños finalistas antes del cierre del plazo

Nuevos billetes de euro: el BCE abre la votación ciudadana sobre los diseños finalistas antes del cierre del plazo

Una consulta sin precedentes sobre el futuro del efectivo en Europa

El Banco Central Europeo ha puesto en marcha una consulta pública sobre los diseños preseleccionados para la próxima generación de billetes en euros, con un plazo que se cierra el próximo lunes 21 de septiembre. Más de nueve millones de ciudadanos han participado ya, pero la institución anima a que más europeos expresen su preferencia antes de que se cierre la encuesta. Los resultados no serán vinculantes, pero sí orientarán la decisión final del Consejo de Gobierno del BCE, prevista para finales de 2026. Los nuevos billetes, de aprobarse, comenzarían a circular de forma gradual a partir de 2029.

Los diseños en juego: dos temas, diez propuestas

La consulta presenta diez diseños agrupados en torno a dos grandes temáticas: «Cultura europea» y «Ríos y aves». Las propuestas difieren de manera notable de la iconografía actual —basada en arquitectura genérica y anónima— e incorporan referencias más concretas al patrimonio del continente, incluyendo figuras de la cultura como compositores. No se trata de un ejercicio cosmético: es la primera vez que el BCE somete a valoración ciudadana diseños preseleccionados, después de haber consultado previamente a los europeos sobre la temática general de la renovación.

El argumento institucional a favor del efectivo

El miembro del Comité Ejecutivo del BCE Piero Cipollone defendió en un acto celebrado el lunes en Bruselas que el dinero físico no es un vestigio del pasado, sino un instrumento vigente con funciones que los medios de pago electrónicos no replican plenamente.

Estos argumentos merecen ser tomados en serio, especialmente en un contexto en que la presión hacia la digitalización de los pagos proviene tanto de plataformas privadas como de ciertos gobiernos. La defensa del efectivo no es nostálgica: es una cuestión de pluralismo en los sistemas de pago y de garantía de acceso universal a un medio de intercambio que no depende de infraestructuras privadas.

El euro digital: complemento, no sustituto

Paralelamente al rediseño de los billetes físicos, el BCE avanza en el desarrollo del euro digital, una forma electrónica de dinero de banco central que, según la institución, complementaría al efectivo en lugar de reemplazarlo. La hoja de ruta prevé que el euro digital podría emitirse por primera vez también en 2029, condicionado a que las negociaciones legislativas en Bruselas concluyan hacia finales de 2026. Cipollone subrayó que ambas formas de dinero de banco central —física y digital— están concebidas para garantizar que los europeos dispongan de medios de pago soberanos para cualquier tipo de transacción cotidiana.

La apuesta simultánea por el efectivo renovado y el euro digital responde a una lógica estratégica que va más allá de la mera modernización tecnológica. El BCE ha identificado una dependencia estructural de la eurozona respecto a infraestructuras de pago estadounidenses: Visa y Mastercard, ambas empresas de origen norteamericano, concentran el 61% de los pagos con tarjeta en la zona euro y prácticamente la totalidad de las transacciones transfronterizas con tarjeta, según datos de la propia institución de 2025. En un entorno de creciente incertidumbre geopolítica, esa concentración representa una vulnerabilidad que el BCE busca corregir con una estrategia de pagos que refuerce la autonomía europea.

Una decisión técnica con implicaciones políticas

La elección de los diseños de los nuevos billetes puede parecer una cuestión menor frente a los grandes debates sobre política monetaria o integración fiscal europea. Sin embargo, la consulta ciudadana en marcha y el debate sobre el papel del efectivo ilustran una tensión de fondo relevante: la que existe entre la eficiencia de los sistemas de pago digitales y la preservación de instrumentos monetarios accesibles, privados y resilientes. Una sociedad que delega íntegramente sus transacciones en plataformas privadas o en infraestructuras extranjeras asume riesgos que no siempre se hacen explícitos en el debate público. El BCE, con todos sus límites institucionales, plantea al menos esta pregunta con claridad.