Suiza lidera por segundo año el Índice Global de Innovación de la OMPI, mientras la IA remodela el mapa mundial del conocimiento

Suiza lidera por segundo año el Índice Global de Innovación de la OMPI, mientras la IA remodela el mapa mundial del conocimiento

Un índice con peso real en los ministerios de todo el mundo

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual ha publicado la decimonovena edición de su Índice Global de Innovación, que clasifica 139 economías a partir de 79 indicadores que abarcan desde el gasto en investigación y desarrollo hasta las exportaciones de alta tecnología, pasando por el empleo cualificado y la concesión de licencias de propiedad intelectual. Suiza encabeza la clasificación por segundo año consecutivo, y el orden de los cuatro países que la siguen —Suecia, Estados Unidos, Corea del Sur y Singapur— se reproduce sin variación respecto a 2025. En una encuesta realizada entre 2025 y 2026, el 78% de los estados miembros que respondieron afirmaron basar en este índice sus decisiones de política de innovación, lo que otorga a sus resultados una influencia que perdura mucho después del ciclo informativo.

Esta edición incorpora dos novedades metodológicas de calado: una medida que rastrea proyectos de inversión anunciados en instalaciones de investigación extranjeras y plantas de fabricación avanzada, y un capítulo especial sobre startups de ciencia profunda elaborado junto a Dealroom. El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea realiza, como cada año, una auditoría estadística independiente de los resultados, lo que refuerza su credibilidad ante inversores y responsables públicos.

Estabilidad en la cima, movimiento en los puestos intermedios

Los quince primeros puestos no admitieron ningún nuevo participante en 2026. El Reino Unido se mantiene sexto, Dinamarca novena, China décima, Alemania undécima, Japón duodécima y Francia decimotercera, todos en el mismo lugar que el año anterior. Los únicos intercambios se producen entre los Países Bajos, que pasan al séptimo puesto, y Finlandia, que cede el suyo al octavo, invirtiendo sus posiciones de 2025. Hong Kong e Israel también intercambian el decimocuarto y decimoquinto lugar.

Europa ocupa ocho de los quince primeros asientos —Suiza, Suecia, Reino Unido, Países Bajos, Finlandia, Dinamarca, Alemania y Francia—, mientras que Asia Oriental y Sudoriental aporta cinco a través de Corea del Sur, Singapur, China, Japón y Hong Kong. Israel y Estados Unidos completan el grupo. América Latina, África y la mayor parte del sur de Asia permanecen sin representación en este nivel.

La repetición de Suiza al frente ilustra una dinámica estructural: los cambios de financiación se producen en meses, pero las instituciones, universidades y bases industriales que el índice evalúa tardan décadas en consolidarse. La estabilidad en la cima señala a inversores y ministros que la profundidad ya acumulada es el activo más difícil de replicar.

Los Emiratos Árabes Unidos irrumpen en el top 25

El movimiento más llamativo del año se produce fuera del grupo líder: los Emiratos Árabes Unidos ascienden cinco posiciones hasta el puesto 25, el único desplazamiento cuya magnitud precisa el informe. Su llegada amplía el top 25 más allá de Europa, Asia Oriental, América del Norte y las economías anglófonas, y convierte a Medio Oriente en una región con dos entradas cerca del frente, junto a Israel en el decimoquinto lugar.

Canadá, en el puesto 16, Australia en el 20 y Nueva Zelanda en el 24 recuperan posiciones que habían cedido en ediciones anteriores, aunque el informe no precisa la profundidad de esas caídas previas. Los cuatro movimientos del año —tres retornos y una incorporación nueva— comparten poco más que el momento: la barrera para entrar en el top 15 sigue siendo más alta que la necesaria para alcanzar el top 25, y esa diferencia descansa en estructuras que no se construyen en un solo ciclo electoral.

China, India y Vietnam consolidan una década de ascenso

La OMPI identifica siete economías que han escalado posiciones de forma sostenida durante los últimos diez años: China, India, Vietnam, Turquía, Filipinas, Marruecos e Indonesia. China ocupa el décimo lugar en 2026, por delante de Alemania, Japón y Francia. Las otras seis quedan fuera del top 20 publicado, pero el índice las trata como ascensos constantes, no como sorpresas puntuales.

Asia aporta cinco de los siete escaladores; Turquía conecta Europa y Asia, y Marruecos es el único representante africano del grupo. Ninguna economía de Europa Occidental, América del Norte u Oceanía figura entre ellas. Un segundo conjunto —Brasil, Mauricio, Arabia Saudita y Catar— también gana altura en la edición de 2026, aunque la OMPI no proporciona cifras de rango ni año de inicio para este cuarteto.

Once economías en ascenso, ninguna de ellas en las regiones que dominan la clasificación general, reconfiguran el mapa de donde se concentra la capacidad científica. Solo China ha alcanzado el nivel superior de la tabla; el terreno que los diez restantes deben cubrir es considerable, pero el impulso acumulado durante una década apunta a una competencia que atraerá capitales de un conjunto de países mucho más amplio del que sugiere el orden actual.

Veintiuna economías superan las expectativas marcadas por su renta

El número de economías que producen más innovación de lo que predice su nivel de riqueza ha pasado de 17 a 21 en un solo año, un incremento de casi una cuarta parte que sugiere que la capacidad inventiva ha comenzado a desvincularse del ingreso nacional como condición previa. Quince de esas 21 economías pertenecen a los tramos de renta baja y media-baja, lo que hace improbable que un único año favorable explique sus resultados.

India y Vietnam acumulan 16 años consecutivos en este grupo, las rachas ininterrumpidas más largas del índice. Una permanencia de esa duración sobrevive a varios gobiernos y a las agendas con las que llegaron al poder, lo que apunta a instituciones con impulso propio. África Subsahariana aporta siete de las 21 economías destacadas —la contribución regional más alta—, con Sudáfrica presente por noveno año consecutivo. Brasil es la única entrada de toda América Latina y el Caribe.

Pakistán, Mozambique y Moldavia se reincorporan al grupo tras haberlo abandonado, y Bután aparece por primera vez. Tres retornos y un debut en una sola edición describen una lista en movimiento, no una membresía fija. La eficiencia, más que la escala del gasto, explica cómo estas economías sostienen su posición frente a competidores que invierten muchas veces más.

El gasto mundial en I+D se aproxima a los 3,4 billones de dólares

Se proyecta un crecimiento real del 3,6% que llevará el gasto global en investigación y desarrollo a 3,4 billones de dólares en 2026, acelerando respecto al 3,3% registrado en 2025. La medida excluye los cambios de precios, de modo que los fondos adicionales compraron espacio, equipos, salarios y experimentos reales, no un efecto contable. Egipto, Indonesia, Malasia y Vietnam figuran entre los lugares donde las economías de renta media concentran una parte creciente del dinero nuevo.

Las empresas invirtieron 1,5 billones de dólares en I+D durante 2025 —un récord histórico—, tras aumentar sus desembolsos un 5,8% en términos reales. Ese total corporativo representa cerca de la mitad del gasto global proyectado para 2026, lo que otorga a las prioridades del sector privado un peso que ninguna agencia pública de financiación puede compensar de forma aislada. El software, la inteligencia artificial y la industria de defensa impulsaron la mayor parte de la aceleración, dos motores que responden a la rivalidad comercial y a los ciclos de seguridad geopolítica, no a planes nacionales de investigación.

El crecimiento corporativo superó al del conjunto del sistema, lo que amplía la ventaja del sector privado sobre la ciencia financiada por el Estado con cada año que pasa. Un récord sustentado en dos industrias conlleva, no obstante, una exposición: si los inversores en IA exigen retornos a corto plazo o las asignaciones de defensa se estabilizan, el principal motor de la expansión investigadora mundial podría detenerse en un solo ciclo presupuestario.

El capital de riesgo se recupera, pero se concentra en la inteligencia artificial

Las firmas de capital de riesgo comprometieron 510.000 millones de dólares con nuevas empresas en 2025, un aumento del 28% que ningún año desde 2021 había igualado. Sin embargo, el número de operaciones individuales cayó por cuarto año consecutivo, de modo que una suma mayor llegó a un conjunto más reducido de destinatarios. Los cheques promedio crecieron por aritmética, pero los fundadores que quedaron fuera encontraron un mercado con menos puertas abiertas de lo que el agregado sugiere.

La inteligencia artificial absorbió el 53% del valor total de las operaciones de riesgo en 2025, proporción que escaló hasta el 77% en el primer semestre de 2026. Más de tres de cada cuatro dólares se destinaron a una sola tecnología durante ese período. Todos los demás campos de invención compiten por el resto, y el ritmo del cambio —24 puntos porcentuales en pocos meses— deja a los fundadores de otras disciplinas ante un fondo que se ha contraído bajo sus pies.

Las startups africanas atrajeron aproximadamente 3.200 millones de dólares en 2025, un 40% más que el año anterior, lo que ilustra una paradoja: el capital se distribuye entre más países y se concentra en menos tipos de empresa al mismo tiempo. Un fundador en África puede tener hoy más posibilidades de encontrar financiación que uno que trabaje fuera de la inteligencia artificial en cualquier otro lugar del mundo.

Las startups de ciencia profunda acumulan 7,6 billones de dólares en valor

Las empresas emergentes de ciencia profunda —activas en semiconductores, robótica, computación cuántica, biotecnología, exploración espacial y materiales avanzados— suman un valor combinado de 7,6 billones de dólares, un 23% más que en 2024 y una ganancia de aproximadamente 1,4 billones en un solo año. Desde el año 2000 se han fundado más de 30.000 de estas empresas, una cifra que se aproxima a diez veces el recuento de 2010. Las spinouts universitarias proveen gran parte de ese crecimiento, y en 2025 representaron el 16% de todas las startups respaldadas por capital de riesgo, la mayor proporción registrada.

Estados Unidos alberga 12.752 de estas empresas, casi cuatro veces las 3.466 de China y cerca de seis veces las 2.133 del Reino Unido. La distancia entre el total estadounidense y el chino supera los recuentos combinados de China y Gran Bretaña, una medida de cuán desigual sigue siendo el mapa de estos emprendimientos tras 25 años de actividad. Asia Central y Meridional —con India como principal motor— amplió su base en un 118% desde 2020, el mayor incremento regional registrado. América Latina y el Caribe siguieron con un 71%, y África Subsahariana con un 65%.

Brasil, India, Malasia, Sudáfrica y Turquía, cinco economías de renta media, han construido clústeres lo suficientemente grandes como para registrarse en un recuento dominado por tres países ricos. India aparece en dos roles simultáneos: fuerza impulsora del mayor aumento regional y miembro destacado del grupo de renta media, la única economía que el índice nombra en ambas categorías. La ciencia aplicada más exigente ya no es patrimonio exclusivo de los países más ricos, y esa tendencia redefine, de forma gradual pero medible, la geografía del conocimiento global.