Cuatro tratamientos oncológicos aplazados al día: la crisis silenciosa del Virgen de las Nieves de Granada

Cuatro tratamientos oncológicos aplazados al día: la crisis silenciosa del Virgen de las Nieves de Granada

Una paciente con cáncer de mama acude a su sesión de quimioterapia programada y regresa a casa sin recibirla. No por una emergencia médica. No por una decisión clínica fundada. Simplemente porque no había hueco. Esa es la realidad concreta que subyace al debate, técnico y burocrático, sobre plantillas y agendas en el Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada.

Julia —nombre ficticio— tiene 43 años y un cáncer inflamatorio de mama bilateral. El pasado viernes se presentó al hospital para una consulta con su oncóloga y la quimioterapia programada dentro de un ciclo de cuatro semanas. Salió sin tratamiento. Le dijeron que no había disponibilidad. La nueva cita implica un retraso de unos diez días, una demora que en oncología no es un mero contratiempo administrativo, sino una alteración del protocolo terapéutico. «Te sientes impotente», relata. «Es muy desesperante.»

Su caso no es anecdótico. El sindicato CSIF denuncia que en el hospital de día de Oncología del Virgen de las Nieves se aplazan una media de cuatro tratamientos al día por insuficiencia de personal de enfermería. La agenda diaria vinculada a las consultas externas de Oncohematología habría pasado de doce a ocho citas. Según el sindicato, una enfermera atiende habitualmente a siete u ocho pacientes en la unidad, una ratio que considera incompatible con las garantías que exige la administración de tratamientos oncológicos. Otras organizaciones sindicales consultadas apuntan en la misma dirección y advierten desde hace tiempo de problemas en la cobertura de ausencias, la organización de turnos y la sobrecarga de los profesionales.

La dirección del hospital ofrece una versión radicalmente distinta. Afirma que la plantilla de Enfermería de Oncohematología está cubierta al cien por cien, tanto en su estructura como en las incidencias por incapacidad temporal, y que el hospital de día administra más de 18.500 tratamientos anuales entre quimioterapia y nuevos fármacos dirigidos. Niega que se estén cancelando sesiones oncológicas y anuncia la incorporación próxima de dos profesionales de enfermería para responder al incremento de actividad. Sin embargo, la respuesta institucional no distingue entre cancelación y reprogramación, ni aclara si se producen aplazamientos individuales como el que describe Julia. La diferencia no es menor: en términos estadísticos, un tratamiento reprogramado puede no existir; para el paciente, la demora es absolutamente real.

Una disfunción que desborda la oncología

El problema, además, no se circunscribe a la unidad oncológica. Elías, trabajador del centro, describe dificultades en Traumatología, donde la falta de técnicos en cuidados auxiliares de enfermería obliga a recurrir a profesionales de otras plantas para acompañar a pacientes en pruebas diagnósticas. Denuncia también que faltan entre quince y dieciséis celadores diariamente en los distintos turnos, que algunos profesionales acumulan más de doscientas horas de exceso de jornada al año, y que un mismo celador debe atender varios servicios de forma simultánea. En el plano administrativo, hay empleados que gestionan dos o tres secretarías en una sola jornada, alternando entre consultas de especialidades distintas, lo que dificulta la gestión de citas y la atención a los pacientes.

UGT añade otro dato revelador: el 90% de la plantilla comienza cada mes sin conocer su planificación laboral completa. Los cuadrantes se entregan el último día del mes anterior o, directamente, una vez iniciado el nuevo periodo. Esta incertidumbre estructural no solo dificulta la conciliación laboral y familiar, sino que alimenta la improvisación en la cobertura de ausencias, con consecuencias directas sobre la continuidad asistencial.

La gestión de las incapacidades temporales constituye otro foco de tensión. Los sindicatos denuncian que se promueven revisiones de bajas con el fin de aumentar la plantilla disponible, y que algunas concluyen en altas médicas sin valoración presencial, como mecanismo de presión para mantener la actividad. El hospital rechaza esta lectura y sostiene que su función se limita al seguimiento de los procesos de incapacidad temporal dentro del marco del Servicio Andaluz de Salud. Las dos versiones son incompatibles, y ninguna de las partes aporta documentación que permita verificar con precisión cuál refleja mejor la realidad.

Lo que sí puede afirmarse con rigor es que los testimonios recogidos —de pacientes, trabajadores y varios sindicatos— dibujan un patrón consistente de dificultades organizativas que trascienden una unidad concreta y afectan a categorías profesionales diversas. Eso no equivale a afirmar que todas las carencias tengan una causa única, ni que cada demora sea atribuible a una decisión de gestión deliberada. Pero sí obliga a tomar en serio las denuncias, en lugar de resolverlas con una nota de prensa que proclama coberturas del cien por cien mientras una paciente de cuarenta y tres años regresa a casa sin su quimioterapia.

La incorporación de dos enfermeras anunciada por la dirección del Virgen de las Nieves puede ser una medida razonable si responde a un diagnóstico honesto de las necesidades reales. El problema es que la dirección no vincula esa medida a las demoras denunciadas, lo que sugiere que la reconoce como respuesta a una presión asistencial que, al mismo tiempo, niega que esté generando consecuencias para los pacientes. Esa contradicción no es un detalle técnico. Es el núcleo del problema. Y para Julia, que no sabe si la próxima vez habrá sitio, la incertidumbre no admite eufemismos institucionales.