Un temporal de lluvia intensa ha golpeado esta semana el arco mediterráneo español con una virulencia que, aunque no sorprende del todo a los meteorólogos, sí obliga a reflexionar sobre la magnitud de sus consecuencias: más de 200 litros por metro cuadrado acumulados en varias localidades, centenares de incidencias gestionadas por los servicios de emergencia, cerca de 400.000 alumnos sin clase en la Comunidad Valenciana y rescates de urgencia que ilustran, una vez más, el riesgo real que entrañan estos episodios. Los focos de mayor intensidad se han concentrado en Castellón, Tarragona y Albacete, aunque la inestabilidad amenaza con extenderse al resto de la Península a lo largo del fin de semana.
En Madrigueras, municipio albaceteño de La Manchuela, una tormenta descargó a partir de las 18:00 horas una riada que alcanzó casi medio metro de altura, transformando las calles en cauces improvisados y arrastrando vehículos a su paso. El colapso del servicio de emergencias —con más de cien llamadas al 112 en pocas horas— obligó a activar el sistema Es-Alert en la franja comprendida entre Madrigueras, Casas Ibáñez y Motilla del Palancar. Dos vecinos tuvieron que ser rescatados tras refugiarse, respectivamente, en un árbol y en una fuente; el cabo primero de la Guardia Civil de Albacete, José Amado, confirmó en la Cadena SER que ambas personas se encontraban en buen estado. Las carreteras CM-322, CM-316 y AB-105 quedaron cortadas por inundación, dejando el municipio parcialmente incomunicado.
En las Terres de l’Ebre, los Bomberos de la Generalitat de Cataluña rescataron a dieciocho personas atrapadas en sus vehículos, mientras que la Protección Civil catalana activó el sistema Es-Alert en las comarcas del Montsià y el Baix Ebre, ordenando el confinamiento preventivo de la población ante el riesgo de inundaciones graves. La Confederación Hidrográfica del Ebro emitió una alerta por posibles crecidas «súbitas y extraordinarias» en los barrancos próximos a Tortosa. Municipios como Ulldecona, Santa Bàrbara y Alcanar registraron acumulaciones superiores a los 200 litros por metro cuadrado desde el jueves, cifras que, aunque no son inauditas en el Mediterráneo otoñal, resultan difíciles de gestionar para cualquier infraestructura de drenaje.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) rebajó a lo largo del viernes el aviso de rojo a amarillo en el litoral de Castellón, aunque mantuvo la alerta naranja en Alicante y previó activarla en la costa valenciana a última hora del día. En Tarragona, el riesgo extraordinario se levantó pasado el mediodía, si bien la provincia permaneció en nivel naranja. El portavoz de la Aemet, Rubén del Campo, advirtió del «peligro importante» que persiste en la zona y descartó la posibilidad de que las tormentas amainaran por completo durante el fin de semana, señalando el riesgo de inundaciones locales, crecidas súbitas de cauces, granizo y rachas de viento muy fuertes.
Un Mediterráneo recalentado como motor del temporal
La explicación técnica de esta intensidad reside, en buena medida, en la temperatura anómala del Mediterráneo occidental, que supera los 26 °C, hasta cuatro grados por encima de lo habitual para estas fechas, un registro más propio del mes de agosto. Esa masa de agua caliente actúa como combustible para las tormentas convectivas, amplificando su potencia y prolongando su duración. No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí de una señal que la meteorología lleva años documentando con creciente preocupación.
El impacto sobre las infraestructuras ha sido considerable. El tráfico ferroviario de larga distancia entre Valencia y Cataluña quedó totalmente suspendido, y Renfe inició a lo largo del viernes el restablecimiento paulatino de varias líneas de Cercanías en el núcleo valenciano, así como las conexiones de Media Distancia con Alicante y Murcia. La Cruz Roja dio cobijo a más de ochenta personas sin hogar en albergues provisionales de la capital valenciana, y los servicios de emergencia de Valencia y Castellón acumularon cerca de 70 incidencias gestionadas. La previsión para el fin de semana apunta a que la inestabilidad irá desplazándose hacia el oeste a partir del lunes, afectando de forma progresiva a amplias zonas del centro y el este peninsular, donde las tormentas podrían venir acompañadas de granizo.
La Aemet insiste en que no conviene bajar la guardia. Es un consejo que, a la luz de lo ocurrido esta semana, resulta difícil ignorar.

