Alcohol y pantallas: el mapa de las adicciones en Madrid revela una fractura generacional

Alcohol y pantallas: el mapa de las adicciones en Madrid revela una fractura generacional

Hay una imagen que resume mejor que cualquier estadística lo que está ocurriendo en Madrid: en los mismos centros municipales donde adultos acuden a tratar su dependencia del alcohol o la cocaína, los adolescentes llegan de la mano de sus familias por no poder despegarse del móvil. No es una anécdota. Es una tendencia documentada que los datos del Ayuntamiento de Madrid convierten ya en una realidad estructural.

Los Centros de Atención a las Adicciones del consistorio madrileño atendieron a 11.895 personas en 2025. El alcohol fue la sustancia que más tratamientos motivó, con un 36,5% de los casos, seguido de la cocaína, con un 23,4%, los opiáceos, con un 14,6%, y el cannabis, con un 12%. Entre quienes acudieron por primera vez, el patrón se repite con aún mayor claridad: el alcohol encabeza la lista con el 40% de los casos, por delante de la cocaína, con un 24%, y el cannabis, con un 15%. Son cifras que no sorprenden, pero que importa no normalizar.

El cuadro cambia de forma radical cuando se observa la franja de edad más joven. De las 2.167 intervenciones con jóvenes realizadas en 2025, casi la mitad —el 43,5%— estuvieron relacionadas con un uso inadecuado de las nuevas tecnologías. El cannabis quedó en segundo lugar, con el 30%. Es decir, las pantallas superan ya a cualquier sustancia como motivo de atención entre los menores de 24 años. En el primer semestre de 2026, los centros atendieron a 8.879 personas en total, de las cuales 1.721 son jóvenes de hasta 24 años, una cifra ligeramente superior a la del mismo periodo del año anterior, cuando se registraron 8.496 atenciones.

La subdirectora general de Adicciones, Beatriz Mesías Pérez, fue precisa en sus términos durante la presentación de estos datos: son una minoría los jóvenes que llegan a desarrollar problemas graves, pero el uso problemático de la tecnología se ha convertido en uno de los principales motivos por los que las familias acuden a los centros municipales. Conviene no confundir preocupación con alarmismo, pero tampoco ignorar lo que los profesionales observan sobre el terreno. El problema no es el uso de la tecnología en sí, sino cuándo ese uso desplaza el resto de la vida: las relaciones personales y familiares se deterioran, el rendimiento académico cae, y la pantalla ocupa el centro de gravedad de la existencia del joven. En los casos más graves, este patrón aparece asociado a otros problemas de salud mental, lo que los especialistas denominan patología dual.

Cabe subrayar un matiz técnico que no es menor: el uso inadecuado de las nuevas tecnologías no está reconocido formalmente como adicción en los sistemas de clasificación diagnóstica internacionales. Sin embargo, los comportamientos que los profesionales observan —la compulsión, la pérdida de control, la interferencia con la vida cotidiana— presentan similitudes funcionales con otras conductas adictivas reconocidas. La distinción importa para el debate público: no se trata de patologizar el uso del móvil, sino de identificar cuándo ese uso deja de ser libre y pasa a ser compulsivo.

Estos datos fueron presentados por la vicealcaldesa e Inma Sanz, delegada de Seguridad y Emergencias, durante su visita al Centro municipal de Atención a las Adicciones del distrito de Hortaleza. Las actuaciones se enmarcan en el Plan de Adicciones 2022-2026, desarrollado por el Instituto de Adicciones de Madrid Salud, que expira el próximo año y cuya sustitución ya está en marcha.

La red municipal no se limita a la atención en centros. Cuenta también con cinco Servicios de Atención en Proximidad dirigidos a personas sin hogar con problemas de adicciones, ubicados en los distritos de San Blas, Latina, Centro, Villa de Vallecas y Villaverde. A estos se sumará próximamente un sexto dispositivo en Puente de Vallecas. Su enfoque es la reducción del daño: facilitar el acceso a la atención sin exigir la abstinencia como condición previa, y mejorar al mismo tiempo la convivencia en el entorno. Durante el primer semestre de 2026, estos servicios atendieron a 1.001 personas, de las cuales 479 carecían de hogar.

La reinserción laboral es otro indicador que merece atención. En 2025, 501 personas en tratamiento lograron incorporarse a un empleo, un 7,5% más que el año anterior. En los primeros seis meses de 2026, otras 196 personas han seguido ese mismo camino. Son cifras modestas en términos absolutos, pero significativas si se considera el perfil de partida de quienes acceden a estos recursos.

El Ayuntamiento ha iniciado ya la elaboración del Plan de Adicciones 2027-2031. Para su diseño se ha abierto un proceso participativo que incluye a expertos, entidades sociales, personas en tratamiento y familiares, articulado a través de la plataforma Decide Madrid. El objetivo declarado es incorporar los nuevos patrones de consumo y las conductas emergentes —entre ellas, precisamente, el uso problemático de las pantallas— y reforzar los recursos de prevención, tratamiento y reinserción.

En paralelo, el presupuesto municipal destinado al tratamiento de las adicciones ha crecido de forma sostenida durante los dos últimos mandatos. En 2025 alcanzó los 29,9 millones de euros, lo que representa un incremento del 44,8% respecto a los 20,6 millones consignados en los presupuestos de 2019. El aumento es relevante, aunque la pregunta pertinente no es solo cuánto se gasta, sino si los recursos se orientan hacia donde los patrones reales de demanda indican que hace falta. El mapa de las adicciones en Madrid está cambiando. La política pública tendrá que cambiar con él.